El riego artificial, ¿solución o problema?

Cuando llegan  épocas de sequía la alternativa del riego artificial es una de las soluciones que encuentran los productores, pero no todos están de acuerdo con esta práctica por varias razones.

La utilización de agua de las napas para riego de campos conlleva riesgos, el principal es la salinización del suelo que puede afectar al propio productor, el otro problema puede ser que se seque una napa y eso afecte además a campos vecinos que utilizan el agua para necesidades más básicas como darle de beber a los animales.

Damián Morais

Un productor que instaló el sistema de riego en su campo decía lo siguiente “tratamos de no usarlos. Es como el seguro del auto que lo tenés, pero si no lo usas mejor” y agregó “no creo que estemos haciendo daño en las napas. Acá tenemos el agua a tres metros de profundidad y siempre estuvo a seis o siete metros. Ocurre que hace algunos años esto estuvo inundado y eso saturó las tierras, pero con el riego, usándolo a conciencia, no deberíamos afectar las napas, el ambiente, ni dañar los suelos”.

El mismo productor destacó las ventajas del riego “si se escarba un poco el suelo hay chalas de maíz y soja de la campaña pasada. También aparece paja de trigo y a veces hay marlos de varias temporadas atrás. Todo eso va quedando arriba del suelo y se hace como una esponja y el agua de lluvia queda abajo y no se evapora, porque no recibe aire ni sol”.

Del otro lado se escuchan voces distintas, las de aquellos que se ven afectados por esta práctica y piden la urgente regulación, en la localidad de Hernando hace unos años que se viene planteando el tema y en un informe realizado en el 2009 se llegó a obtener datos contundentes: “La implementación de equipos de riego no está reglamentada ni controlada por lo cual el objetivo del estudio es abrir el paraguas antes de que llueva. En este momento para hacer extracción de agua hay que cumplir algunos formalismos pero en ningún momento desde los organismos oficiales se tiene en cuenta si la napa tiene recarga o si está lejos o cerca del pueblo”, aseguró la por entonces profesora Fabiana Noya.

“También es oportuno remarcar que el tipo de agua que se utiliza en esta zona para riego es de mayor calidad que la que consumimos los habitantes de la ciudad. Es agua más dulce para evitar, por ejemplo, la salinización de las tierras”, agregó.

Sobre 9700 hectáreas regadas se evaluaron 71 perforaciones que, en conjunto, estarían extrayendo unos 15 millones de metros cúbicos por campaña. Este dato es alarmante si se considera que en el mismo período la población de Hernando (formada por 11 mil habitantes) consume 602 mil metros cúbicos del líquido elemento.

“La comparación determina que el agua utilizada para riego en tan sólo el diez por ciento de las hectáreas productivas de la zona equivale a 25,6 años de consumo de agua por parte de la población de Hernando”, sentenció Noya.

La profesora admitió que “los resultados de la investigación realmente nos sorprendieron y más aún cuando desde la Secretaría de Agricultura de la Nación nos respondieron que no existen estudios definitivos con respecto a la recarga de los acuíferos de nuestra zona”.

“Cada pozo realizado para riego genera un cono de depresión por bombeo y como la región está rodeada de aguas de mala calidad se produce una invasión de estas aguas contaminando tanto los actuales pozos de riego como los de consumo humano”.

Esta es la conclusión de una investigación realizada por alumnos y profesores de la sección Agronomía del Instituto Pablo Pizzurno expuesto en la Feria Provincial de Ciencias y Tecnología. El objetivo de los docentes – ingenieros agrónomos Fabiana Noya y Néstor Eula- que coordinaban las investigaciones va más allá de una cruzada educativa ya que la escuela tiene laboratorios de agua y de suelo que permanentemente prestan servicios a los productores de la región.

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